No es indiferencia aquello que ven los ojos,
tampoco cintas imaginarias de la inocencia
que nuestros hijos llevaran un día.
Son ojos desplomados, pero curiosos,
que se acercan a todo, y del mismo modo
de todo se alejan.
¿Por qué?
El sendero fino los arrastra,
caminan el empedrado,
envuelto en papel aluminio.
Cavan los niños
agujeros en el patio de recreo.


