
Y cuántas veces los vimos en el parque
desnudos los pies en la hojarasca,
aquel tiempo de lejos, ahora de cerca
a nuestros ojos, tronos colocados de amor.
Y cuántas aprehendimos de las manos el bien,
la manera de entrelazarlas adecuadamente
entre tantos y tan opuestos movimientos,
falanges adoloridas de tus ojos de lienzo.
Y ahora nosotros, pies de escultura hojarasca,
quejumbrosa impronta de aires movedizos,
que supimos de aquel hermoso dolor feliz
en otros rostros, ahora, nosotros, digo, amamos.
Ilustración de Joan Miró, Retrato IV


