En el camino que uno ya no anda solo
hay mañanas como lunas y noches como soles
y piedras de goma de mascar con sabor a fresa.
Hay también toboganes y columpios sin cadenas,
y pequeños príncipes y princesas, y espejitos mágicos
para calmar la sed y frotarse los ojos.
Hay espadas de valientes y pies desnudos,
y escudos de hierba fresca con el pañuelo del gato Chocolate
la prenda portátil de amor de la princesa Trucutrú.
En el camino que uno ya no anda solo
se abren los labios y se escuchan los ojos,
y nada resulta imposible de alcanzar y tocar.
fotografía, josé luis cervera