
Son estas huellas de luna,
este desnudo equipaje
de ingravidez permanente,
quienes en el ocaso del día,
ya mudadas las sábanas,
planchadas de algodón las nubes,
tus ojos, la ropa para el domingo,
emborronan de escritura el piso
de la casa, el techo que cobija,
el pan sin azúcar en la despensa.
Todo se escribe y se reescribe,
se traza y se tacha, se ensombrece y
alcanza de luz, desordena el recuerdo
la memoria de esta maquinaria de vida.
Es así que ven mis ojos
la escritura alargada de unos dedos,
artistas marginados en el lienzo de la luna,
fotogramas descuadrados de nuestras
imperfectas vidas.
Fotografía de Marta, Quiet Heart

